A finales del mes pasado estuvo mi madre visitando la isla con el Imserso. Se alojó en Es Canar. Quería hacer alguna excursión con guía y le recomendé el trenecito, ya que circula despacio y puede así apreciar mejor el paisaje.
Por trabajo no pude verla en dos días y cuando nos volvimos a reunir todo eran elogios para los trabajadores del tren. Por lo visto, había preguntado si podían viajar niños (mis dos hijos) en el tren, ya que las excursiones están concertadas para el Imserso y el chófer, lejos de negarse, no sólo aceptó llevarlos, sino que encima no quiso cobrarles nada a los chiquillos.
A la hora de la salida no se habían cubierto las plazas mínimas para poder salir, pero éste no fue motivo para dejar en tierra a los viajeros. Y por si todo esto fuera poco, a la hora de volver a es Canar, después de una excursión perfecta, pregunta el chófer si quieren conocer el mercadillo de Cala Leña y, con la venia de sus pocos pero contentos pasajeros, los lleva a dicho lugar aun estando éste fuera del recorrido de la excursión.
Al finalizar, por supuesto, todos los viajeros estaban satisfechos, agradecidos y con ganas de repetir. Al partir de Ibiza, la inmensa mayoría de las personas que regresaban a sus respectivos hogares lo hacían comentando lo amabilísimos, atentos, pacientes y simpáticos que habían sido los trabajadores del hotel Panorama, del bar Es Canar y, sobre todo, del trenecito (dueño, chófer y guía).
A todos ellos, gracias y felicidades por hacer que gran parte de los turistas que visitan nuestra isla se vayan con una sonrisa en los labios, con ganas de volver, gritando a los cuatro vientos cómo se lo pasaron y lo bien que les atendimos. Así se atrae el turismo, más incluso que con millonarias campañas publicitarias.