Como amiga de los animales, desde Ibiza lamento profundamente la desafortunada declaración de Esperanza Aguirre que quiere elevar a la tauromaquia al rango de Bien de Interés Cultural, en el momento justo que tiene lugar el debate sobre la prohibición de las corridas en el Parlamento catalán.
Personalmente tuve la impresión de que esa señora obedeció a una fuerte presión política, ya que ninguna mujer puede estar a favor de un espectáculo tan aberrante, anti-educativo e injusto en todos los aspectos, máxime cuando en casi todas las naciones del mundo los malos tratos a los animales están prohibidos por ley y penalizados con hasta tres años de prisión (se están pidiendo diez años). En cuanto al ´arte´ de torear, basta mirar el arsenal de armas punzantes y cortantes y la agonía larga de las víctimas para que cualquier persona con una mínima sensibilidad se estremezca de horror e indignación. Especialmente las mujeres, tantas veces víctimas de la violencia machista, deberían, por pura lógica o por instinto, rechazar este tipo de matanzas supuestamente artísticas o culturales, cuando en realidad son los últimos vestigios del circo romano.