Soy una de esas madrileñas estresadas que el pasado verano organizó una semana de vacaciones en la isla. No tanto para conocer sus bondades, sino para pasar unos días con un familiar al que quiero especialmente y que vive en Sant Antoni. Mientras preparaba el equipaje me llegué a preguntar si hacía bien llevando a mi hija jovencita a semejante ´lugar de corrupción´, quizá podríamos haber elegido un destino algo más cultural y dejar los afectos para otra ocasión.
Nuestra acompañante decidió que empezaríamos paseando por Dalt Vila. Subimos y bajamos cuestas, ses Taules, la catedral, la fortificación mejor conservada del Renacimiento. ¡Qué bonito! Una nube de placer estético nos invadía. Por las tardes disfrutábamos de la exuberante naturaleza de la Pitiusa y por las mañanas nos volvíamos a escapar a Eivissa, Puig des Molins, la Marina, ... Al tercer día, desde la terraza del Museo Arqueológico, ante aquella bellísima vista me pregunté: ¿en qué momento lo hice mal?, ¿cuántas decisiones equivocadas he tomado para que mi vida no parezca una vida? Apenas me queda tiempo para mí misma, vivo en un espacio que no me gusta, contaminado, rápido, muy rápido, violento... seis millones de personas juntas pueden ser demasiadas. Madrid no es una ciudad humana, se ha convertido en un gran gigante al que pagamos un desmedido tributo para que no nos devore.
Durante los meses siguientes iban y venían a mi mente las imágenes del verano. En los infinitos atascos matinales recordaba los paseos por la playa, las animadas y divertidas noches, el maravilloso atardecer desde cala d´Hort con la imponente presencia de es Vedrà, la torre del pirata y la coqueta Dalt Vila. ¿Por qué nadie nos contó que este recinto histórico tiene tanto encanto o más que el de algunas afamadas ciudades como Segovia, Cáceres o la mismísima Toledo?
Cuando pasaron las Navidades ya no podía seguir resistiéndome al canto de las sirenas que desde el fondo de Atlantis (sa Pedrera de cala d´Hort) me llamaban. He alquilado casa en Ibiza ¡Ahora tengo pueblo! Yo sola no puedo cambiar mis circunstancias pero le voy a pedir con todas las fuerzas a Tanit, a Bes, a todos los dioses protectores de la isla que hagan de mi vida una vida.