Ahora resulta que una cadena de supermercados muy implantada en Ibiza se convierte en adalid de las causas justas solicitando a sus clientes la colaboración con Haití mediante la donación de un euro.
La cajera no debería haberme preguntado ¿desea colaborar con Haití donando un euro? No ya por la situación violenta que se produce, sino porque hubiese sido más acertado decir: ¿acepta que descontemos un euro de su tícket de compra?
Esta gran cadena tiene otras maneras de ayudar sin necesidad de pedir nuestro dinero; beneficios obtiene, muchos, y más en esta isla. Más le valdría que mejorase a nivel de precios y deje para las ONG lo que les compete.
Desde luego si actuásemos menos visceralmente y más con el cerebro y el corazón, ayudaríamos a las personas en los momentos que más lo necesitan, es decir cuando son olvidadas.