Vivo en la zona de Cap Martinet, donde la ´autoridad competente´ ha decidido obsequiarnos a los residentes con una variada colección de badenes de diferentes tamaños. Concretamente, desde la altura de ses Figueres hasta la rotonda de la entrada al puerto, 2,5 Km., debo pasar por quince badenes, diez son de ancho considerable y cinco de tipo estrecho. En total son diez por dos, es decir, veinte saltos los largos (subida y bajada) más cinco para los cortos. Veinticinco saltos de eje, a dos ejes por automóvil: cincuenta saltos por trayecto, lo que supone al día, caso de dos viajes, un mínimo de doscientos saltos de eje.
Imaginen cómo llegará al hospital un accidentado que sea trasladado en ambulancia desde allí, con un traumatismo. El objetivo es rebajar la velocidad de los vehículos en la zona. Lo malo del sistema es la inoperancia y la impunidad, es decir la inoperancia de quien debería hacer cumplir las normas que dicta y no sabe cómo hacerlo. O lo que es peor, la impunidad que goza y le permite, ´castigarnos´ a todos y a todas horas.
Se trata de una medida estúpida porque sólo es necesaria en contadas ocasiones (por ejemplo: durante la entrada o salida de un colegio). Es una medida ilegal, existen numerosas sentencias que así lo avalan. Además es una medida destructiva, pues castiga repetidamente nuestros elementos mecánicos afectados no preparados para ello. Es una medida peligrosa por cuanto, como está mal señalizada, puede sorprenderte si no la esperas. Por último, es una medida inútil, por cuanto que quien quiere se la salta sin mayor problema.
Pero no todo es negativo, también es una medida educativa, por cuanto nos enseña el verdadero carácter, inteligencia, eficacia y disposición al trabajo de aquellos a quienes hemos puesto en el cargo. A ver si aprendemos y ejercemos nuestro poder cuando nos toque.