Hace unos días leí una carta en este periódico de una compañera de la Escola Oficial d´Idiomes poniendo en mi ´pluma´ conclusiones o valoraciones que no son ni mucho menos las que yo quería hacer llegar con mi protesta.
En ningún momento he querido menospreciar el trabajo de los profesores y profesionales del centro, los cuales me consta que hacen un gran trabajo y dan lo mejor de sí para que nosotros, los alumnos, tengamos la mejor educación lingüística posible, al igual que todos los demás que nos hacen que la estancia en el centro sea agradable y confortable dentro de lo posible. Así que muchas gracias, profesores, personal de limpieza, secretaria, a Santos (el cual ya estaba cuando yo iba al instituto), a Lina, por sus amables cafés y en general a todo aquel que hace viable la función de la Escuela Oficial de Idiomas.
Estoy a favor de las gestiones e iniciativas de la directiva para conseguir mejoras en la escuela y para que nos den una sede propia (que clama al cielo), no dudo de su trabajo y competencia, seguro que hacen más de lo que pueden, y por ello, les doy las gracias.
Pero, apreciada compañera, déjame protestar por algo que no encuentro justo. Es más, mi protesta está dirigida a quien corresponda, yo no sé quién ni quiénes son los responsables de las decisiones que nos afectan. Simplemente quería hacer llegar mi opinión al respecto, decir que encuentro injusto que no podamos (tú tampoco puedes, estimada compañera), por una cuestión de edad, asistir a estos cursos que seguro que son maravillosos y sus profesores fantásticos. A ver si en un futuro tenemos la oportunidad de asistir y aprovecharnos de estas maravillosas iniciativas de la EOI. ¿Quizás en la nueva sede de sa Coma?