Ayer te vi por primera vez y sentí que el corazón me oprimía. Llevabas sobre tus espaldas, el peso del hambre, del dolor, de la enfermedad, de la esclavitud. Te acaricié esa carita sucia, ilusa de mí, como si pudieras sentir mi calor aunque fuese a través de la pequeña pantalla. Después me fijé en tus piececitos, cómo no, desnudos, ni tan siquiera unas sandalias para poder protegerlos. Por unos instantes, me imaginé junto a ti, soportando la misma carga sobre mis espaldas. No pude, me flaquearon las piernas. Unas piernas más grandes y sanas que las tuyas. ¡Qué vergüenza!
Entonces empecé a sentir un frío intenso (tu frío), que me hizo pensar que no tuviste elección, que desde el primer día tu vida fue siempre así. Quiero pensar, que el amor de quiénes te dieron la vida, no te ha abandonado, porque entonces me derrumbaría. ¡Cuántos sentimientos afloran en mi corazón! la rabia, la impotencia, la injusticia, el dolor. Hay días en los que no quiero creer.
Y a ti, sin embargo, te quedan fuerzas para mirarme a los ojos y sonreírme, pidiéndome que no deje de creer, que por lo menos crea en ti.
Es mi reconocimiento desde Ibiza a un día tan importante como es hoy el Día Internacional de la Infancia, reconocido por Unicef.